Peña Nieto, fallido aprendiz de brujo

Para quienes pensaban que por estar apadrinado por Carlos Salinas y Televisa, Enrique Peña Nieto sin despeinarse ya tenía en la bolsa el retorno del PRI a Los Pinos, a menos que su ceguera les impida ver más allá de su ombligo, han de estar que no los calienta ni el sol. Si las pifias propias del analfabetismo funcional del mexiquense, en una semana le restaran dos puntos en las preferencias del electorado y uno más en lo que va de enero, el porfiar en aliarse con Elba Esther para restarle puntos al PAN, marcó ya peligrosamente su vertiginoso descenso, aunque las encuestas pagadas digan lo contrario.

El daño provocado por la ruptura de la fallida coalición en la que juntos irían el tricolor, el verde y la franquicia magisterial de Elba Esther, no sólo resta simpatías entre los proles de clase media, también se deja sentir al interior del “nuevo viejo PRI”. Si a nadie gustara el que Peña Nieto se rodeara de lo más nefasto de la clase política, el sainete del rompimiento lo exhibe como político inmaduro e ingenuo, tanto que no calculó que Elba Esther, al fin chucha cuerera, vendería caro su amor provocando un conato de desbandada entre la militancia priísta que, en desacuerdo con el paquetote de candidaturas comprometidas por el precandidato presidencial y su peón de estoque, Humberto Moreira, pusiera el grito en el cielo.

Caro le salió el intento. Ahora Elba Esther, no teniendo nada que perder al quedar marginada, utilizará todas sus malas artes para poner piedras y piedrotas en el camino del mexiquense. Por lo pronto y veloz cual ágil saeta, la vitalicia lidereza del SNTE convocó a toda la cúpula del sindicato y partido de su propiedad para diseñar una estrategia de respuesta, con la que pretende convencer de que la que desbarató la coalición por no comulgar con la nomenclatura priísta de viejo cuño fue ella y no el CEN del PRI. Insinuando que Manlio Fabio Beltrones, Pedro Joaquín Coldwell, Beatriz Paredes Rangel, y el ex candidato presidencial Francisco Labastida Ochoa, entre otros, son un lastre para el logro de propósitos y objetivos de Peña Nieto.

Los daños colaterales tanto para el precandidato presidencial como para Elba Esther Gordillo están a la vista en el ámbito nacional, pues la ruptura afecta la relación de los gobernadores priístas, que quedan entre la espada y la pared, pues no le pueden fallar a Peña Nieto y a su partido, pero tampoco están dispuestos a confrontarse con los mentores que siguen a la repudiada lidereza magisterial en las entidades federativas que gobiernan. Esto necesariamente repercutirá en la redefinición de candidaturas a Senadores y diputados federales con compromisos ya contraídos con el Panal. Y todo por un error de cálculo del ex gobernador de Edomex que creyendo ir en caballo de hacienda,  no sopesó el riesgo de jugar al aprendiz de brujo con una artífice de la alquimia política del tamaño de la perversa Sra. Gordillo.

Quienes piensan que no pasó nada, el tiempo se encargará de señalarles que no por mucho madrugar se amanece más temprano. Calderón capitalizará la pifia ungiendo como candidato del PAN a la presidencia ni más ni menos que a Doña Josefina Vázquez Mota, enemiga natural de Elba Esther, para exhibir a esta última como la corrupta amiga de Peña Nieto que con coalición o sin esta forma parte de los planes del mexiquense para seguir controlando y mangoneando al magisterio nacional.

En Veracruz quien sale raspado es el Secretario de Finanzas del gobierno duartista, miembro distinguido del Panal y estrecho colaborador de la Sra. Gordillo, al que el priísmo veracruzano ya le puso tache aplicándole la ley de hielo. Más pronto que tarde resentirá los efectos del fuego “amigo” pisándole la cola pues aunque la gente de Fidel Herrera ya salió a declarar que el PRI en el estado mantendrá como siempre una estrecha relación de amistad y colaboración con el magisterio, por debajo de la mesa ya le preparan la cama a los mentores que aspiraran a ser considerados en la lista de precandidatos a diputados federales por la fallida coalición. ¿O no es así Don Ulises?