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Los Gobernados

Héctor F. Coronel *

La amenaza de la razón

Desde que la iglesia católica veía una amenaza en la ciencia, hecho perfectamente ilustrado cuando en 1633, Galileo Galilei, fue perseguido y condenado por la Inquisición a arresto domiciliario de por vida, con motivo de la publicación de sus descubrimientos astronómicos entre los que destacaba que la tierra no era el centro del universo, el razonamiento científico ha venido ocupando un importante lugar en nuestras vidas y actualmente se considera como la piedra angular para desarrollo de las naciones. Así, los beneficios producidos por la ciencia y la tecnología, llegan a muchos de nosotros en la forma de sistemas modernos de comunicación, transporte, medicinas y tratamientos, etc.

No obstante, la ciencia y los avances tecnológicos siguen siendo entendidos como una amenaza para algunos; específicamente, para aquellos quienes consideran que el poder está fincado sobre la ignorancia de las masas y que, todos aquellos que tienen el atrevimiento de aplicar el razonamiento, son sus enemigos.

En lugar de ello deberían prestar un poco de atención a quienes aplican reglas claras de razonamiento y conocimiento científico, tal y como lo hacen cuando ellos mismos o algún ser querido, debe someterse a alguna cirugía o tratamiento médico: ahí sí se someten de inmediato a los principios del conocimiento científico sin cuestionar.

Ya sin hablar del uso de sus equipos de comunicación y vehículos de transporte, que tampoco parecen molestarles, esta clase de individuos “enemigos” de la ciencia, olvidan que todas y cada una de las actividades que realizan en sus vidas, puede mejorarse de manera importante con la aplicación de la ciencia y la tecnología.

Entre aquellos enemigos del razonamiento, se encuentran muchos que se consideran “encumbrados” porque poseen una situación económica o política superior a los demás,   pero seguramente no se dan cuenta que en su soberbia manifiesta para no revisar objetivamente un razonamiento, se producen ellos mismos, como resultado, una imagen muy pobre de sus personas desde el punto de vista intelectual y que quienes alaban constantemente toda idea o acción emanada de su juicio sin emitir opinión, no son sólo ignorantes, sino traidores.

 En ocasiones, quienes a razonar se atreven, son objeto de persecución carente de motivo en muchos países, por sostener que uno más uno es igual a dos o bien que  en todo triángulo rectángulo la suma de los cuadrados de los catetos debe igualar el cuadrado de la hipotenusa.

No es posible, con poder o dinero, alterar las leyes universales, la matemática o la medicina; en otras palabras, la verdad.

Los ciudadanos que usan su razonamiento o emiten un juicio con base en hechos comprobables no son enemigos de nadie, sino aliados en una búsqueda por explicarnos las causas o factores que producen el estado actual de nuestro entorno, ya sea económico, político o social.

Quienes se encuentran en una posición, frecuentemente transitoria, en la que sus decisiones pueden afectar la vida de otros, no deben mostrar desdén por el razonamiento científico sino acercarse a él, so pena de ser considerados la mayor expresión de la ignorancia personificada.

Cometen un grave error aquellos que olvidan que no hay mayor poder que el conocimiento, al que muchas veces han buscado algunos acallar, pero nunca han podido destruir.

*Doctor en Estadística Matemática e Investigador Nacional. México


zmgh12@gmail.com

 

 

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