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José
Enrique Olivera Arce
¿Amor a México o
amor a la camiseta?
No es un asunto menor ni
manida y frívola idea de lealtad a la camiseta. En las actuales condiciones del
país, con un régimen político en crisis y frente a la elección presidencial de
julio próximo, es un asunto de la mayor relevancia el mantener y sostener con
valentía la congruencia entre el pensar y el quehacer en las lides políticas.
Manuel Bartlett, ex
secretario de gobernación y ex gobernador de Puebla, lo ha dicho todo: es un
tema de conciencia, así como de coincidencias con las izquierdas y con Manuel
López Obrador, cuando afirma que con el tricolor “ni a la esquina”. No se puede
ser leal a la camiseta cuando no se está de acuerdo con el rumbo que ha tomado
el partido en el que se milita.
Para el ex senador del
PRI en la pasada Legislatura, es la hora de las definiciones: o se está por el
más de lo mismo o se está por el tan necesario como urgente cambio de brújula,
rumbo y timonel. Como seguramente también para muchos priístas honestos, el
modelo neoliberal impuesto por los últimos gobiernos priístas y continuado por
los de Vicente Fox y Felipe Calderón, tras haber empobrecido a México y
orillarle al borde del desastre, no puede ni debe continuar.
Ni Peña Nieto ni los aún
aspirantes del PAN a la presidencia de la República, ofertan en sus propuestas
nada que indique modificación alguna al modelo económico y social dominante.
Antes al contrario, proponen mantenerle y profundizarle hasta sus últimas
consecuencias, como en el caso de la privatización del petróleo, la energía
eléctrica, la educación y la salud, a las que se ha venido oponiendo Manuel
Bartlett y otros distinguidos priístas, coincidiendo con las tesis de Andrés
Manuel López Obrador en congruencia con el nacionalismo revolucionario que diera
vida al PRI y hoy abandonado por el tricolor.
Lo que está en juego es
el futuro de México. Prebendas, canonjías, intereses creados, y el ansia del
poder por el poder mismo de los partidos contendientes, es secundario y
cuestionable. No cabe la lealtad a la camiseta y el remordimiento por “patear el
pesebre”, cuando pragmáticamente en nombre de tales frivolidades se subordina el
interés superior de la Nación. Se está con México o no se está, es la
determinación a que se tendrá que llegar con un sentido claro de honestidad
intelectual sobre lo que hoy tenemos como país y el que deseamos heredar a las
nuevas generaciones.
Muchos priístas, panistas
o perredistas jóvenes o de la vieja guardia, necesariamente tendrán que tomar
tal determinación, inclinando la balanza a favor del cambio o a favor del más de
lo mismo. Los dictados de su conciencia, dirán la última palabra frente a las
urnas el primero de julio próximo.
Esto último conlleva un
ajuste en la correlación de fuerzas tanto al interior de la partidocracia como
en el conjunto de la vida política del país, que podría dar lugar a nuevas
escisiones en los partidos mayoritarios; tanto entre encumbrados actores como en
la base militante. Sumándole ingredientes adicionales al ya atípico proceso
electoral en marcha en el que la polarización de fuerzas entre la derecha y el
centro izquierda parece ser la constante.
Más que el amor
interesado o no a la camiseta, serán la conciencia de una sociedad informada y
las coincidencias con el PRI y el PAN o con las propuestas de Andrés Manuel
López Obrador, las que determinarán el sentido del voto. La postura asumida por
el priísta Manuel Bartlett cae en tierra fértil, esperemos el fruto de su
determinación. Xalapa, Ver.-
Xalapa, Ver.- Enero 18 de
2012
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