En mi opinión
Uriel Flores Aguayo
Tercera llamada para la izquierda
Este año
puede tener su tercera gran oportunidad electoral, de acceder al
poder político, la izquierda mexicana. La primera fue en 1988,
cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, disidente del PRI y
cabeza de un amplio movimiento opositor, sacudió la estructuras
políticas del país y fue víctima de un descarado y brutal fraude
electoral que permitió la presidencia para Carlos Salinas de
Gortari, cuyo sexenio fue de aperturas pero también de ataduras
a desiguales convenios internacionales y a una política
económica de corte neoliberal que ha causado estragos en nuestro
país. La segunda fue en el 2006, tan resiente que se puede
recordar de manera clara y fresca; en esa elección, por todo los
medios y sobre todo con guerra sucia, los poderes formales y
fácticos se alinearon para detener a Andrés Manuel López
Obrador. A estas alturas, salvo sus amigos que se convirtieron
en funcionarios de alto nivel, hasta los monopolios deben estar
arrepentidos por la ineptitud y terquedad de Felipe Calderón.
No hay
voluntarismo simplemente, sostengo que nos encaminamos a la
tercera y casi definitiva oportunidad para que la izquierda
llegue al poder político. Sus definiciones de las candidaturas
principales, presidencial y del distrito federal, ya pasaron la
prueba de la unidad; todo lo demás es secundario y no va afectar
la ruta del Movimiento Progresista, nombre con el que se
presenta la izquierda mexicana en esta elección. López Obrador y
Mancera, combinan casi perfectamente perfiles y propuestas con
la fuerza suficiente para constituir la plataforma necesaria en
torno a la cual se darán cita simpatías, adhesiones, fuerzas,
esperanzas y apoyos de todo tipo.
Lo digo y
lo firmo, a las pruebas me remito: poco a poco se va a ir
cerrando la competencia entre Peña y López Obrador, con el
riesgo real para el PRI de que su candidato se desplome vista la
fragilidad y escándalos en que se ve envuelto. El México de la
violencia exige una figura fuerte y el México de la pobreza
exige un presidente de izquierda. Ese es López Obrador, ni
regreso al pasado ni el continuismo. El PAN va de salida, once
años de ineptitud fueron suficientes, pero lo más grave, lo que
no van a poder borrar del imaginario colectivo son las más de
cincuenta mil muertes que nos ha dejado la guerra de Calderón.
Por eso, por los gasolinazos y no haber hecho nada positivo es
que el partido blanquiazul recibirá un apabullante voto de
castigo. El alcance les llegará a Veracruz, sin duda, donde los
sectores dominantes del panismo no pasan de ser vulgares
negociantes de la política.
Llama la
atención el aparente triunfalismo del PRI en Veracruz,
dependiente casi totalmente de la candidatura de Peña Nieto, tal
vez porque están instalados en una burbuja. No hay ningún
sustento para ese triunfalismo, si no cambian discurso y
practicas se pueden llevar sorpresas muy desagradables como ya
les ocurrió en 2006. Su nuevo dirigente es un joven con mucha
experiencia y capacidad que tiene el reto de ser líder de
verdad, de un partido autentico y pasar la dura prueba electoral
de este año. El PRI está muy equivocado si cree que puede
postular a cualquier candidato en cualquier lugar.
La
izquierda va a otras etapas muy significativas en su proceso
organizativo y de preparación para la campaña electoral en
curso. El Movimiento Progresista requiere que sus partidos estén
unidos y trabajando intensamente para que contribuyan en la
aspiración presidencial de AMLO; hacen falta partidos que
ayuden, que no estorben. Tal vez una de las tareas claves es
levantar las estructuras de promoción del voto y cuidado de
casillas, que deben ser suficientemente fuertes para competir
con el poder y el dinero de los otros partidos. Las candidaturas
a diputados y senadores de la izquierda deben decidirse de
manera seria, responsable y transparente; esos candidatos serán
la cabeza de la campaña presidencial en sus ámbitos
territoriales, lo cual implica, elementalmente, que sean
personas identificadas con el proyecto, leales, comprometidas y
con muchas ganas de hacer una campaña intensa, heroica y de
movilización a todas horas y en todos los rincones de los
distrito y del estado.
Debemos
tener mucho cuidado con los simuladores y los mercenarios, estar
preparados para superar todo tipo de obstáculos internos y
externos. Espero que los” chuchos” agarren sus cuotas de
espacios plurinominales y, si quieren, no hagan nada: mucho
ayudan si no estorban.
Recadito: la mitomanía del” trastupijes” ya dañó espantosamente
al “Juanguilla”.
Xalapa
Enríquez Ver., a 26 de enero del 2012
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urielfloresaguayo@hotmail.com