Guillermo H. Zúñiga Martínez
Derechos humanos y educación
Siempre ha sido importante innovar dentro del complejo
mundo de los sistemas educativos nacionales. Los ejemplos no se
dan repetidamente, sino de vez en cuando, lo que, obviamente,
retrasa los avances en la formación de las nuevas generaciones.
Una
reforma a los programas de estudio, no produce resultados
inmediatos; es a través del tiempo que se va consolidando de
acuerdo al grado de positividad que tiene, y se manifiesta en la
preparación de los aprendientes. Esta es la razón por la cual no
se pueden apreciar los beneficios de una gestión didáctica en
forma apresurada.
He
afirmado una y otra vez que, cuando se pretende hacer cambios,
éstos precisan haberse meditado concienzudamente, porque estamos
frente a lo que se denomina la teleología de la pedagogía, que
fue lo que en su libro “Los Tres Problemas de la Educación”, el
distinguido educador sudamericano Juan Mantovani llamó las
finalidades de la formación cultural. En consecuencia, acaricio
-desde hace tiempo- la idea de que en las esferas
gubernamentales se elabore una convocatoria –con un temario
específico- hacia los mentores, intelectuales y padres de
familia para que dialoguen, discutan, reflexionen y lleguen a
conclusiones respecto de qué se debe enseñar.
No
es conveniente que los cambios se realicen aisladamente, como,
verbigracia, lo que acaba de aprobar hace unos días la ministra
de educación de Colombia, María Fernanda Campo, quien ordena que
a partir del 2014, todos los colegios oficiales de aquel país,
tengan proyectos que persigan la mejor formación de los
estudiantes, debido a que está proponiendo el estudio y
recreación de los derechos humanos.
El
Vicepresidente de aquella República, Angelino Garzón, acierta
cuando expresa que es fundamental esta propuesta porque en esa
materia no se trata solamente de promulgación de leyes, es un
asunto de cultura que permitirá a Colombia presentarse en el
concierto latinoamericano como un país progresista y moderno,
con una sociedad que se levante voluntariosamente hasta alcanzar
el cero tolerancia hacia la violencia, la corrupción y la
impunidad.
Es
inobjetable lo que señala el Vicepresidente, pero hay detalles
que necesitan ser analizados con profundidad: resulta que no van
a elaborar planes y programas de estudio para enseñar y comentar
con los alumnos la historia, definición y consideraciones
inherentes a los derechos del hombre, sino que con un sentido
económico, le han pedido al Banco Interamericano de Desarrollo
que los apoye con doce millones de dólares para aplicarlos en
actividades lúdicas entre niños y jóvenes, teniendo como
referente ese mismo objetivo.
Según la educadora María Fernanda, su criterio es que los
recursos se canalicen hacia la incentivación de iniciativas,
impulsadas por los mentores para que los niños aprendan a ser
mejores ciudadanos, lo cual implica capacitar a los docentes en
esta área tan actual y vigente en la mayor parte del mundo.
Lo
que se observa de inmediato en estos quehaceres, es que los van
a burocratizar y mientras las nuevas corrientes pedagógicas
propugnan estimular la imaginación de los mismos alumnos, en
Colombia quieren que sean los maestros los que piensen y
organicen las prácticas para provocar el interés de sus
educandos, lo cual me parece absurdo pues es muy común que lo
que dicen o hacen éstos es lo que les ordenan los
redescubridores de la verdad, cuando lo que se debería hacer es
intensificar los propósitos para que sean personalidades con
características propias y con capacidades para concebir sus
propios instrumentos, que les permitan persuadirse cada día más
de lo que tienen que hacer con el tiempo, dentro de su vida de
ciudadanos.
Es
plausible la disposición de que en las instituciones se hable
sobre derechos humanos pero me parece que es una medida un tanto
cuanto alejada del conjunto normativo de un plan de estudios que
identifique a la educación de ese país por lo que, si pudiera,
les diría a las autoridades colombianas que es cardinal pensarlo
no como un tópico independiente, porque toda modificación
estructural exige ser integral para que logre definir hacia
dónde se quiere marchar en cuanto a la enseñanza.
La
noticia remata, fíjese usted bien, con la idea de crear un
cuerpo burocrático que se va a denominar Consejo Nacional del
Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos, al cual
considerarán guía del proceso. Allá ellos.
zmgh12@gmail.com
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